Ética del reconocimiento
Charles Taylor propuso una teoría ética que denominó «ética del reconocimiento» o «ética de la autenticidad». Se desarrolla a partir de la idea de que todas las personas requieren que su identidad individual o colectiva sea reconocida por los demás, pues la identidad se construye de manera dialógica. Esto explica por qué los grupos minoritarios no solo demandan igualdad y no discriminación, sino que exigen ser auténticamente reconocidos. Se trata de resolver la tensión entre el respeto por la igualdad y el respeto por la particularidad. El hecho de que nadie pueda ser discriminado y todos deban ser tratados por igual no implica que las personas queden constreñidas a un molde homogéneo, ciego a la diferencia.
La exigencia aparece en primer plano, de muchas maneras, en la política actual, formulada en nombre de los grupos minoritarios o «subalternos», en algunas formas de feminismo y en lo que hoy se denomina la política del «multiculturalismo».
En estos últimos casos, la exigencia de reconocimiento se vuelve apremiante debido a los supuestos nexos entre el reconocimiento y la identidad, donde esta designa algo equivalente a la interpretación que hace una persona de quién es y de sus características definitorias fundamentales como ser humano. La tesis es que nuestra identidad se moldea en parte por el reconocimiento o por la falta de este; a menudo, también, por el falso reconocimiento de otros, y así, un individuo o un grupo de personas puede sufrir un verdadero daño, una auténtica deformación si la gente o la sociedad que lo rodean le muestran, como reflejo, un cuadro limitativo, o degradante o despreciable de sí mismo.
El falso reconocimiento o la falta de reconocimiento pueden causar daño, pueden ser una forma de opresión que subyugue a alguien en un modo de ser falso, deformado y reducido. […]
Dentro de esta perspectiva, el falso reconocimiento no solo muestra una falta del respeto debido. Puede infligir una herida dolorosa que causa a sus víctimas un lacerante odio a sí mismas. El reconocimiento debido no solo es una cortesía que debemos a los demás: es una necesidad humana vital. […]
La génesis de la mente humana no es monológica (no es algo que cada quien logra por sí mismo), sino dialógica.
Además, este no solo es un hecho acerca de la génesis que después podamos olvidar. No aprendemos los lenguajes en diálogo y luego seguimos usándolos para nuestros propios fines. Desde luego, se espera que nosotros desarrollemos nuestra propia opinión, perspectiva y actitud hacia las cosas, en grado considerable, por medio de la reflexión solitaria. Pero no es así como ocurren las cosas en las cuestiones importantes, como es la definición de nuestra identidad. Siempre definimos nuestra identidad en diálogo con las cosas que nuestros otros significantes desean ver en nosotros, y a veces en lucha con ellas. Y aún después de que hemos dejado atrás a algunos de estos otros —por ejemplo, nuestros padres— y desaparecen de nuestras vidas, la conversación con ellos continuará en nuestro interior mientras nosotros vivamos.
De esta manera, la contribución de los otros significantes, aun cuando aparece al principio de nuestras vidas, continúa indefinidamente.
Taylor, C. El multiculturalismo y la política del reconocimiento (1992)
Ética del cuidado
Carol Gilligan propuso una teoría ética denominada «ética del cuidado», que parte de la constatación de que las mujeres suelen privilegiar el cuidado de otros por sobre la justicia, mientras los hombres suelen inclinarse en el sentido contrario. Para Gilligan, esto se produce porque las sociedades proponen un modelo binario que no solo separa y opone a hombres y mujeres, sino que también escinde aspectos esenciales de la naturaleza humana.
Siempre que nos encontramos ante una construcción binaria del género —ser hombre significa no ser mujer ni parecerlo (y viceversa)— y una jerarquía de género que privilegia «lo masculino» (la razón, la mente y el Yo) sobre «lo femenino» (las emociones, el cuerpo y las relaciones), sabemos que se trata de un patriarcado, se llame como se llame. Como orden vital basado en la edad y el sexo, donde la autoridad y el poder emanan de un padre o unos padres en la cumbre, el patriarcado es incompatible con la democracia, la cual se sustenta en la igualdad de la voz y en una presunción de equidad.
Pero también se encuentra en conflicto con la misma naturaleza humana. En el patriarcado, al bifurcarse las cualidades humanas en «masculinas» o «femeninas» se producen cismas en la psique, pues se separa a todos los individuos de partes de sí mismos y se socavan sus capacidades humanas básicas. El proceso de iniciación a las normas y los valores del patriarcado prepara el terreno para la traición de «lo que está bien» […].
La ética del cuidado no es una ética femenina, sino feminista, y el feminismo guiado por una ética del cuidado podría considerarse el movimiento de liberación más radical —en el sentido de que llega a la raíz— de la historia de la humanidad. Al desprenderse del modelo binario y jerárquico del género, el feminismo no es un asunto de mujeres, ni una batalla entre mujeres y hombres, sino el movimiento que liberará a la democracia del patriarcado.
Gilligan, C. El daño moral y la ética del cuidado (2013)
El estudio de Gilligan
Gilligan participó de la investigación de Lawrence Kohlberg sobre el desarrollo moral. En ese contexto, se percató de que las respuestas de las niñas eran distintas de las de los niños y de que Kohlberg las consideraba menos desarrolladas por responder a diferentes principios éticos. Este es el dilema que inició el debate:
La esposa de Heinz estaba a punto de morir y su única esperanza era una medicina descubierta por un farmacéutico que la estaba vendiendo a un precio exorbitante. Fabricar la medicina costaba 200 dólares, y el farmacéutico la estaba vendiendo por 2000. Heinz solo pudo reunir 1000. Le ofreció esta cantidad al farmacéutico y, cuando este rechazó su oferta, Heinz dijo que pagaría después el resto. Aun así el farmacéutico se negó. En su desesperación, Heinz consideró robar la medicina. ¿Sería incorrecto hacerlo?
Respuesta 1 (niño de 11 años)
Una vida humana vale más que el dinero, si el farmacéutico solo recibe 1000 dólares seguirá viviendo, pero si Heinz no se roba la medicina, su esposa morirá. El farmacéutico podrá recibir después 1000 dólares de una persona rica que padezca cáncer, pero Heinz no podrá recuperar a su esposa, porque cada persona es diferente.
Respuesta 2 (niña de 11 años)
Creo que puede haber otra manera aparte de robar, como pedir prestado el dinero u obtener un préstamo, realmente no debiera robar el medicamento… pero tampoco su mujer debe morir… Si robara la medicina, la salvaría, pero también podría ir a la cárcel, y entonces si su esposa volviera a enfermar, él ya no podría conseguir más medicina, y eso no estaría bien. Realmente deben hablar del asunto, y encontrar otra manera de conseguir el dinero.
En Rachels, J. Introducción a la filosofía de la moral (2003)
Ética objetivista
La mayor parte de las teorías éticas parte del principio de que todas las vidas humanas tienen el mismo valor o dignidad. Basándose en esta idea, aseguran que las personas deben preocuparse en la misma medida por sí mismas que por los demás. Oponiéndose a esta perspectiva, aunque basándose en el mismo principio, han surgido teorías que defienden el egoísmo racional. Una de ellas es el objetivismo moral, propuesto por Ayn Rand.
Existen dos cuestiones de moral que el altruismo reúne en un solo «paquete»:
1) ¿Qué son los valores?
2) ¿Quién debe ser el beneficiario de los valores?
El altruismo reemplaza la primera por la segunda: elude la tarea de definir un código de valores morales y deja así al ser humano, de hecho, sin guía moral.El altruismo declara que toda acción realizada en beneficio de los demás es buena y toda acción realizada en beneficio propio es mala. Así resulta que el beneficiario de una acción es el único criterio de comparación del valor moral de esta, y mientras el beneficiario sea cualquiera salvo uno mismo, todo está permitido. […]
Dado que la naturaleza no provee al hombre de una forma de supervivencia automática, ya que debe mantenerse con vida mediante su esfuerzo personal, la doctrina que dictamina que es malo preocuparse por el interés personal significa, en consecuencia, que el deseo de vivir es malo, que la vida humana, como tal, es mala. Ninguna doctrina podría ser más malvada que esta.
Sin embargo, es ese el significado del altruismo, implícito en ejemplos tales como la equivalencia entre un industrial y un ladrón. Existe una diferencia moral fundamental entre el hombre que halla su interés personal en la producción y aquel que lo encuentra en el robo. La maldad de un ladrón no consiste en el hecho de que persigue su interés personal, sino en lo que él considera que es su interés personal; no en el hecho de que persigue sus valores, sino en qué es lo que elige como valor; no en el hecho de que desea vivir, sino en el hecho de que desea vivir en un nivel subhumano.
Rand, A. La virtud del egoísmo (1964)
Ética pragmática
Las teorías pragmáticas, como la que propone Richard Rorty, plantean que la ética no debe perseguir ideas abstractas y universales, sino preocuparse de la contingencia de todo aquello que resulte útil para la construcción de un futuro mejor.
Los pragmatistas pensamos que el progreso es como coser una manta elaborada y multicolor, más que tener una visión más clara de algo verdadero y profundo. […]
Nos agrada reemplazar las metáforas tradicionales de profundidad o de elevación por metáforas que exhiben anchura y extensión. Convencidos de que no hay una esencia humana sutil que la filosofía podría aprehender, no tratamos de reemplazar la superficialidad con la profundidad ni elevarnos por sobre lo específico para captar lo universal. Nos gustaría minimizar una diferencia por vez: la diferencia entre cristianos y musulmanes en una aldea bosnia, la diferencia entre blancos y negros en una ciudad de Alabama, la diferencia entre homosexuales y heterosexuales en una comunidad católica de Quebec. Lo que esperamos es unir a esos grupos mediante un millar de «puntadas», invocando mil cosas menudas en común entre sus miembros, en lugar de especificar una única cosa grande, su común humanidad. Esta imagen del progreso moral nos hace resistir la sugerencia de Kant de que la moralidad es propia de la razón. Los pragmatistas tienen más simpatía por la sugerencia de Hume, de que es propia del sentimiento.
Rorty, R. ¿Esperanza o conocimiento? Una introducción al pragmatismo (1994)